Jorge Paolantonio

La Luciana
era de harina y albahaca machuca el corazón de
la Luciana
y se levantaba los pollerones a ventilar su día
para que el conscripto del’ erre diecisiete’
la chayara con mordiscos

cuando el alquitrán bramaba
se salía de la vaina
y se enroscaba una víbora de abalorios que le
picaba el codo
mientras la manga japonesa cosida en el ‘virgen
niña’

le desgarraba el hombro huesudo
bajaba lenta a sus pezones de mora
veloz subía hasta esos labios de granada partida
donde abrevaba la sed de los miliquitos
y de algún tonto del barrio al que le daba el
gusto

en el pelo llevaba un lazo blanco
que la volvía al dios de la comuniones
colectivas
a las campanas al vuelo

la azucena de tela
las campanillas azules de la cerca
la puntilla de los monseñores
la música de los altavoces
la cascarillas de los festejos
la náusea de los ayunos
antes de tragarse el cuerpo de su salvador
la infancia que la peinaba con agua florida en el
patio
mientras la bataraza ponía huevos pintos
dando una fiesta de cacareos

ni qué decir de los zapatos
que la subían al ras de la placita y la
estaqueaban
bajo un terebinto
donde recibía favores y hojas frescas
a cambio de un cigarro y unas mentas picosas
y algún billete chico

ah
era una reina caminando la Luciana
cuando le daban franco

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