Jorge Tula

Un hombre y una mujer

Un hombre y una mujer
son algo así
como padre e hija
vueltos a encontrar
en el revés del tiempo.
O como madre e hijo
que se desenvuelven,
se rehacen,
en la conjugación de la nada.

Un hombre y una mujer
son más que una pareja.
Dicho así podría entenderse
que no hay otra forma
de dar cuenta del amor.
Dicho así.

De todos modos,
hombre a hombre,
mujer a mujer:
un ser con otro ser,
el meridiano magnético
que atrae las lluvias,
el mundo que se apropia
de su propio ser.

Ahí están el hombre y la mujer,
en sus lugares
como si el universo
hubiera existido desde siempre.

En el origen de todas las cosas,
más allá de la pulsión mayor
que hace rodar las estrellas,
de la pregunta si sería
el caos o la creación,
la pareja acerca a una misma llama
el goce y el dolor.
Celebración de la quinua

Desde el polvo, en las alturas andinas
se levanta tu leche, madre cereal.
Con la lluvia que baja lentamente
el tiempo se detiene en la semilla
y sueña
entrar al cuerpo,
volverse carne de oro
huesitos
que el tiempo no roerá.
El conquistador, en su fiebre,
no supo codiciar tus perlas.
Solo los abuelos muertos
te nombran
con balbuceo húmedo
que germina la noche subterránea.
(Hace siglos,
untaste los ojos con aceite
para no ver la sangre
salpicar la luz inmóvil del granito.)
Ahora que te nombro
entras en la boca, tocas la lengua
para que la habite el poema.
Y es el sabor un río delicado
que se desata y corre entre las piedras.
Que no se agote tu ternura,
que el amaranto morado
el ataco, la kiwicha
tiendan al sol abrazos
de sagrada alegría.
Que la diosa de la lluvia descienda,
madre amantísima,
a besar tu frente
mientras tu leche milenaria y dulce
alimenta la noche cósmica.

 

Etnocentrismo

Para qué aferrarse
al orgullo, al cinismo
como una hiedra inútil
si apenas somos un resabio,
la costra del tiempo,
lo que quedó de la evolución;
salvados del cataclismo
por el azar, bajo tierra
tapados por el humus cálido;
protozoo balbuceante,
crustáceo sin lenguaje
que sueña el tiempo en el útero mayor.

Después,
vinieron las olas
de las transformaciones
y el Cambio, dios ciego
que anula diferencias,
nos dejó barro cámbrico en el alma.

El mundo es animal en reposo,
espera el momento
del nuevo salto.

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