Rodolfo Lobo Molas

Género Poesía (Del libro Los pájaros de la lluvia)

Los pájaros de la lluvia

Desde atrás de las nubes
la luna
repite el paso inaugural de su camino
y una claridad difusa
enciende el verde de los campos,
el fuego multicolor de las ciudades,
mientras…
desde el abismo sin fondo de la noche
crece el canto que anuncia la tormenta,
o el trino que presagia lluvia clara,
el rumor de los besos que se callan,
y el párpado que cierra la mirada.
Ellos anuncian la vida hecha poemas
la soledad de llanto hecha agua,
traen la voz del hombre cuando canta
y la tristeza gris hecha palabras.
Agua y misterio, sonrisa y lágrima:
los pájaros de la lluvia auguran con su canto
el insondable enigma
del agua calmased que moja y lava.

 

Olvido

Por las ramas azules
baja el viento del silencio
inaugurando atardeceres,
anudando cadenas
de frío.
Los pájaros se quedan
sin infinito
y las manos
se desangran
por el río.
Adentro llueve angustia
en las maderas,
afuera está la niebla.
Y el olvido.

Pesadilla

A veces en las noches
Cruza un rumor amargo
Por mi frente.

Y en desorbitado miedo
Imploro con plegarias
Al ángel de la guarda.
Pido por el bullicio
De los pájaros del alba
Por el ruido lejano
De las voces del pueblo
Por la luz que celebra
Con besos
La mañana.

La oscuridad asusta,
La pesadilla afiebra.
Y en el agua sin fin de tu mirada
Me lavo, purifico, resucito,

Mientras la noche pasa.

De un libro de sonetos aún inédito.
SONETO DEL AMOR FUGAZ

De pronto llegas desbordando todo,
nace de nuevo la ilusión dormida
cesan los llantos, cúrase la herida,
los pies sacamos del obscuro lodo.

La frente alzamos de distinto modo.
El soplo infundes de una nueva vida,
y una aurora de luz ya conocida
aparece del camino en un recodo.

Pero el tiempo es fugaz, fugaz la rosa,
nace y muere tu esencia en cada cosa,
vuelve tu luz a ser sólo reflejos.

Presa es el alma de sus viejas penas,
regresa el corazón a sus cadenas,
vuelven a estar opacos los espejos.

 

Género Microficción

Amenza
¡Te voy a matar, te voy a matar! -me decía cada vez que yo hacía alguna travesura de grueso calibre. Y yo, rebelde y desafiante, corría riéndome de ella. La pobre, entonces, volvía sobre sus pasos mascullando su rabia. Hasta el día que escuché un ruido ensordecedor cerca de mi oreja, y ya no pude ver cómo la policía se llevaba esposada a mi abuelita.

Culpable
Ella era la culpable. La única culpable y lo sabía. Él ya se lo había dicho infinidad de veces con cada golpe, con cada insulto. Y como se sabía culpable siempre lo perdonaba cuando él, aplacada la ira, también le pedía perdón.
Incluso aquel día en que un impulso desconocido la llevó a rebelarse y aunque fue en defensa propia, le pidió perdón por última vez, antes que cerraran el féretro.

Caperucita y el lobo
Todos los veranos iba al bosque a visitar a la abuelita. Ansiaba ese tiempo de verdes exuberantes porque entre la vegetación la esperaba el lobo, con quien –luego que se sacara el disfraz de feroz animal- daba rienda suelta a su ardoroso amor. Después los jóvenes inventarían la conocida fábula para esconder su romance. La abuelita que sufría de demencia senil, jamás pudo desmentir nada y fue así cómo la historia llegó a nosotros como si fuera un cuento.

Búsquedas
En la ciudad de Pripyat al norte de Ucrania desalojada luego del escape nuclear de la planta de Chernóbil, solo los muertos del cementerio y los restos de los animales domésticos que fueron sacrificados, quedaban como testigos de la vida que una vez existiera por allí. Sin embargo, cada noche, acompañada de una suave brisa, se ve pasar una sombra blanca, que contrasta con tanta oscuridad, como buscando entre las ruinas a alguien que se le hubiera perdido. A la misma hora, en la no lejana ciudad de Kiev, una silueta negra que contrasta con la radiante luz citadina, mira y mira hacia Pripyat, como esperando que apareciera alguien que se le hubiera perdido.

Desencuentro
A mi hija Alejandra Lobo Heredia

Se citaron el domingo en la esquina del parque. Sin haberlo dicho ambos sabían que allí comenzaría el romance. Llegaron puntualmente pero no se encontraron. Se esperaron. Al cabo de un rato –y desde las opuestas esquinas donde aguardaban- cada uno se fue con su decepción a cuestas. Se cruzaron cerca de la fuente, pero el ruido del agua silenció el toc toc de los bastones blancos.

Escéptico
A mi hija Mariana Lobo Heredia

Cada noche, mientras escribía mis minificciones, el gato negro y blanco de la casa se acercaba y me miraba casi con éxtasis. Yo creía encontrar una mirada conocida en esos ojos extraños y penetrantes cuando nos observábamos por largos momentos sin decir nada. Hasta que un día caí en la cuenta que se parecía mucho a la mirada de mi padre, pero como yo no creía en reencarnaciones pensé que debió ser la brisa que entraba por la ventana, aquel escalofrío que me recorrió la espalda cuando el gato se alejaba con una mueca de sonrisa humana….

Seducción
Adán deambulaba solitario por el Paraíso. La víbora aprovechando la circunstancia desplegó sus encantos y lo sedujo. Cuando Dios advirtió ésto, dijo: No, no; no es bueno que el hombre esté solo, y creó a la mujer. Adán, entusiasmado, empezó un romance con Eva. La serpiente, despechada, urdió el plan de la manzana.

 

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Comments
  • Marta Susana
    Responder

    La poesía de Rodolfo Lobo Molas es una excelente manifestación del yo íntimo del poeta, es romántica, tierna, llega al alma.

Comentarios

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